MADRID EN MARCO
 

JUN 6    “PARA LLEGAR A LA HABANA”, DE ENRIQUE SACERIO-GARí, EL CATáLOGO DE UN INTERIORISTA DE PRO.


en Poesía




por Diego Vadillo López

Arropado por los escritores Pepo Paz, Pío Serrano y Manuel Rico (además director, este último, de la colección en que se encuadra el libro que nos ocupa), Enrique Sacerio-Garí presentó el pasado día 29 de mayo en la librería Enclave su poemario “Para llegar a la Habana” (Bartleby, 2013), una obra que transita por entre los exuberantes senderos del sentimiento haciendo paradas en los recodos más memorativos, lo que dota a cada pieza de esa fragancia de emotividad que lo acaba envolviendo todo.
 
A lo largo de la velada tuvimos el privilegio de compartir un itinerario diseñado para la ocasión por nuestro poeta, que seleccionó varias de las piezas las cuales quedaron incluidas en la récita con la que deleitó y, a un tiempo, conmovió al auditorio. Así las cosas, y a toro pasado, me voy a aplicar, con el debido respeto, a la elaboración de mi propio trayecto; para ello seleccionaré las obras que más me han llamado la atención de entre el total de las contenidas en el libro de Sacerio-Garí. Y es que toda obra crece con las exógenas interpretaciones, para ello cuento con mi mera intuición, dado que no había antes leído nada del autor y a penas pude intercambiar unas palabras de manera superficial con el mismo. Así que mis análisis, apuntes y consideraciones no pretenderán ser nada más que eso: una visión más a añadir a otras previas y postreras.
 
En términos generales el aliento poético de nuestro autor se me antoja encuadrable en un estilo plácido, cálido, que invita a entrar en el sincretismo de fondo que lo caracteriza. Si bien hay un dejo de melancolía, tal no resulta doliente, pues es transmitido con suave proceder lírico. Un soplo de tenue y ágil brisa parece mover cada pieza de un poemario que se desenvuelve por medio de un verso fundamentalmente de arte menor, matiz que sugeriría refreno en la expresión del sentimiento, pero que, a un tiempo, gozaría de la viveza que otorga la gran cantidad de encabalgamientos, deviniendo todo, al fin, en un reposado dinamismo (tal paradoja quedará superada una vez se acceda a la lectura).
 
También hallo rasgos en Enrique Sacerio-Garí de la poesía de la experiencia, puesto que imprime un sello personal a su bagaje, el cual nos traslada junto con las emociones y consideraciones aparejadas a él.
 
“Para llegar a la Habana” es el poema que da título al libro y que, a decir del poeta, fue concebido “ex profeso” para el libro, toda vez que no había ni un solo verso en el que figurase tal locución. En esta pieza se dan cita un gran número de hermosas imágenes poéticas. Pareciera el luengo poema una trocha por la que al tiempo que se avanza nos sorprenden multitud de sugestivas figuras.
 
Nos hace entrar el poeta ya desde el principio en un ameno juego de concreción de lo trascendente: “... los huesos blandos/ de lo inconmensurable...”, “... espacio que busca/ la mirada del vacío...”, “... el pensamiento/ hecho nube...”, “... sobrepeso de separación...”, etc. Todas referencias de gran plasticidad mediante las cuales pareciera nuestro vate querer asir todo aquello fluyente e inatrapable por medios físicos.
 
Pepo Paz, Pío Serrano, Enrique Sacerio-Garí y Manuel Rico
durante el acto de presentación
 
 “Nueva idea” es un breve poema reflexivo de dos estrofas en el que Sacerio-Garí apunta, mas no de manera diametral, la importancia del acción subsiguiente al pensamiento bien madurado.
 
 “Pasos” es un bello poema en el que quedan identificados el paisaje emocional con el topográfico y tal cosa se consigue con las cosificaciones consecutivas “... llevo una tristeza/ apretada al corazón/ y el cariño siempre abierto...”, figuras que van seguidas de una personificación: “... que me enseñaron sus cielos”. La nostalgia implícita se puede dilucidar a través de la atribución de un rasgo de portabilidad a la tristeza, una tristeza proveniente de la lejanía respecto del referido cariño.
 
 Otra pieza que llamó mi atención es “Bolero doble” un poema de tres estrofas cada una de ocho versos de las cuales me gustó especialmente la última: “Mañana buscarás/ otras orillas/ recordando todo lo que soñaste/ con la memoria/ llena de colillas/ de la primera noche/ que me amaste”, y me gustó tal estrofa porque contiene una elusión que no deja de aludir, mas de más sugerente forma. Asimismo, me encantó la equiparación de la memoria con un cenicero repleto de colillas.
 
 “Diálogo poético inconcluso” se me antoja muy greguerístico, el poeta auparía a ciertos rasgos de la greguería para incidir en determinadas esencias en cuyo hallazgo ha de mediar previa voluntad. Aquí sí hay regularidad métrica, estando compuesto el poema por dos estrofas de cuatro versos cada una, todos endecasílabos, los cuales forman dos pareados encadenados por estrofa. Se deduce aquí cómo en lo ínfimo puede residir lo magno y a la inversa, por ello la hipérbole campa a sus anchas en esta pieza.
 
 En “Galope absurdo” Enrique Sacerio-Garí continúa jugando con el lenguaje, lo cual no es óbice para que nos traslade graves circunstancias. Se refiere a agujas ya aludidas en las “Sagradas Escrituras” por cuyo ojo no pasaba cualesquiera; el poeta hace una lectura más actual y alarga las posibilidades del término unos versos más abajo, cuando alude a otras agujas que pinchan alimento para la opinión pública. Lo estético y lo socio-político emparentan aquí sobreponiéndose a la ignominia que refieren.
 
 “Esfuerzos” versa sobre esa realidad paralela por la que transita muchas veces el ser humano que busca por entre ciertos reductos de lo sublime, a diferencia de los que viven en una, a su parecer, irrealidad: la señoreada por el vil metal.
 
 Curiosamente este poema, que se compone de dos estrofas de ocho versos cada una, contiene un mensaje biplánico, o un mensaje que transcurre en dos planos. Y me llama la atención que la alusión a la realidad sin nombre quede arriba y los “nombres sin realidad” en la planta baja de la pieza.
 
 Acabado el libro de Enrique Sacerio-Garí siento la contradicción que expresa el poeta, la lucha por elevarse y la imposibilidad de hacerlo plenamente porque los inapelables reductos de lo mundanal lo asen. Hay una armonía en el libro expresada más como anhelo que como consecución, mas la férrea sujeción a la realidad no evita que nuestro vate se ejercite haciendo uso de los mimbres del mundo en rededor en un sugerente juego lírico.

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